Como Historiadora del Arte y profesora de esta disciplina, soy consciente de la escasa o nula presencia de las Mujeres Artistas tanto en los manuales de arte como en los libros de texto. Es como si la mujer hubiera estado ausente en el acto de la creación artística a lo largo de la historia, y éste hubiera sido de uso exclusivamente masculino.

Cuando una se acerca a un tema como “La Mujer en el Arte”, aparece en seguida la tentación de caer en el victimismo, aunque sea con la intención de impartir  una especie de justicia divina por todas aquellas mujeres que desearon dedicarse al arte y no pudieron, o bien que lo consiguieron y a pesar de ello, no pasaron a la Historia, mayoritariamente escrita y cribada por hombres.

Sin embargo, cuando consigues vencer a la tentación de titular tu conferencia con un nombre épico, te das cuenta que la Historia está llena de ausencias e injusticias, y que no eres agente de ningún ficticio “Ministerio del tiempo” para poder cambiarla.

En efecto, hasta finales del Siglo XIX, apenas encontramos nombres de mujeres artistas que hayan pasado  a la Historia aunque, irónicamente, una antigua leyenda atribuye la invención de la pintura a una mujer, como nos cuenta Plinio El Viejo en su Historia Natural, al señalar que la hija de un alfarero ideó este noble arte, al trazar sobre un muro el contorno de la sombra del rostro de su amado cuando éste partía hacia tierras lejanas.

El primer ejemplo documentado de una obra de arte firmada por una mujer data de la Edad Media, cuando generalmente, las obras de arte eran anónimas. Así, encontramos una doble excepción, un manuscrito medieval iluminado como el Beato de Gerona, aparece firmado por sus autores, y además, uno de estos autores, firma como Ende, Pintora y sierva de Dios.

Con el Renacimiento, muchos artistas salen del anonimato del gremio, cuando el Arte empieza a desligarse de las consideradas “Artes Menores” y para ello, necesitan justificar que sus obras son resultado del intelecto o genio y no de simples habilidades manuales. Será fundamental una formación completa, dentro de los distintos campos que abarcaba el conocimiento Humanístico, unido al estudio del dibujo del cuerpo humano desnudo, o copia del natural.

Si eres mujer, antes del Siglo XX, y quieres dedicarte al mundo del Arte, tienes claro lo que puedes y no puedes hacer. No puedes formarte como artista, ya que está prohibida la asistencia de mujeres a las clases del copia del natural y por tanto, no podrás realizar grandes cuadros de historia o mitológicos que eran los más valorados por el mundo del arte de la época. Habrá momentos, que ni siquiera puedas acceder a la Academia de Arte, por el simple hecho de ser mujer.

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Sofonisba Anguissola

¿Y qué puedes hacer? Puedes tener suerte, y si en tu familia hay algún pintor, puedes aprender en su taller, o si eres de familia adinerada, podrás formarte en el arte del dibujo, pero sólo será capaz de  pintar “géneros menores” como bodegones o retratos familiares, y por tanto, te será imposible para ti participar en los grandes concursos ni exposiciones en los que se demandaban otro tipo de obras.

A pesar de estas trabas y limitaciones, muchas mujeres consiguieron dedicarse al Arte, y hacer grandes obras e incluso aportar géneros e iconografías totalmente nuevas. Ese será el caso de Sofonisba Anguissola, Artemisia Gentilleschi, Lavinia Fontana, Luisa Roldán, Angelica Kauffmann, Elisabeth Louis Vigée-Lebrun, Berthe Morisot ,Mary Cassatt … y una nómina más amplia sin duda, de la recogida en los manuales de Historia del Arte.

En el siglo XX, las mujeres como Maruja Mallo, Sonia Delaunay o Tamara de Lempicka se aproximan con entusiasmo al mundo de las vanguardias artísticas. Ya tiene acceso libre a las escuelas de pintura, pueden participar en exposiciones y concursos o copiar desnudos del natural, pero los prejuicios continúan instalados en la sociedad.

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Detalle del Nacimiento de Venus de Botticelli.

Sin embargo, ha habido un lugar del Arte donde la Mujer ha sido la gran protagonista y es en el papel de objeto artístico, es decir, la mujer como representación, como tema de la obra de arte. La mayor parte de las obras de arte están protagonizadas por mujeres, pero tendríamos para otro artículo si analizáramos que roles ocupa la mujer en estas obras… Marías, Venus, Evas, Marilyns… serán los principales roles desempeñados por la mujer en el Arte.

Resumiendo, tenemos una “Historia del Arte tradicional” en la que no aparecen mujeres artistas, las pocas que han logrado pasar a la historia a pesar de las trabas, se las hace desaparecer, atribuyendo sus obras a sus padres o maestros, o simplemente obviando su existencia y su aportación al arte y por otro lado, esa misma Historia del Arte aparece empapada de mujeres que asumen roles “tradicionalmente femeninos”.

Para concluir, ¿qué podemos hacer frente a esta situación? Probablemente mucho más de lo que hacemos. Empezando por hablar de estas artistas de las que tenemos información, porque de lo que no se habla, no existe, y ellas si existieron y su Arte también. Es conveniente, hacer una Historia de género, para incluir a las mujeres, dentro de la Historia de todos y todas, la Historia de los hombres y las mujeres.

Patricia Pérez, Licenciada en Hª del Arte y profesora de ésta disciplina en “Cuéntame un cuadro”.

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