Me gustaría comenzar explicando el concepto del que hablo, la coeducación. Este concepto habla de una educación que considera que alumnos y alumnas han de tener los mismos derechos y oportunidades, y supone, entre otras cosas:

No aceptar el modelo masculino como universal. Es decir, que hemos de proponer ejemplos de mujeres relevantes en todos los campos, pues parece que sólo han sido los hombres a lo largo de la historia los que han sido importantes en el campo de la medicina, la ciencia, la investigación, la lucha social…

Tratar de corregir estereotipos, que son las configuraciones sociales sobre supuestas actitudes “naturales” de hombres y mujeres que no responden a la realidad, pero que condicionan a veces muy decisivamente el comportamiento. Por ejemplo:

“las mujeres son más delicadas”

Sobre todo, actuar intencionadamente contra la discriminación en todo momento, evitando y sancionando actitudes sexistas o vigilando el lenguaje sexista.

Esta labor educativa es un asunto complejo, pues padres, madres y docentes sentimos que educamos contra corriente y que nuestros esfuerzos educativos son, en muchas ocasiones, anulados por el entorno cultural.

El asunto es que, al hablar de educación, muchas veces, se nos escapa un pequeño detalle:

Educar no es solo educar a los niños, es también educar a su entorno.,

pues como dice un proverbio africano “Para educar a un solo niño, hace falta la tribu entera”.

No sólo me refiero a los agentes educativos “oficiales”: familia y colegio. Me refiero a los grandes protagonistas de nuestra cultura mediática (al menos en términos de audiencias): el deporte y la telerrealidad, los “realities”. Aquí es donde aparece lo que he denominado un asunto indecente.

Ambos, por suerte o por desgracia, ocupan un destacado protagonismo en la influencia de los infantes y adolescentes y ambos, deporte y telerrealidad, con demasiada frecuencia, muestran una imagen demasiado vergonzante de la mujer:

1.- En el deporte vemos dos tendencias claras (basta con mirar cualquier periódico deportivo):

Por un lado asumen el papel de la mujer como un “bello adorno”. No es difícil encontrar titulares y noticias en la prensa deportiva del tipo: “Las novias, esposas y ex parejas de futbolistas (WaGs) posan sexy para desearte Feliz Navidad. (noticia de portada del as en enero de 2016)” o esta otra de la misma portada “Ana Ivanovic: La tenista más sexy de 2015”
Por otro lado la consideran invisible: En esa misma portada 0 noticias de deporte femenino.

2.- En los realities las conclusiones son alarmantes:

Se manifiesta la dependencia de la mujer hacia el hombre. Se difunde la necesidad de que la mujer se ajuste a un físico establecido. Se utiliza a la mujer como reclamo sexual. Se transmiten que hay comportamientos que han de ser diferentes para hombres y mujeres, representaciones sociales de lo que significa ser hombre o ser mujer.

Pero a este problema, yo añadiría otro incluso mayor. El problema que ocasionan los que denomino “negacionistas”, los que, escudándose en tópicos del tipo: “nada de igualdad, hombres y mujeres son diferentes: hormonas, ritmos biológicos de crecimiento…” argumentan con tópicos y datos desenfocados, que no existe problema alguno, que todo es una invención de feministas y de algún aprovechado que quiere vivir del cuento.

Al negar el problema se niega cualquier necesidad de actuación.

Por ello educar a todo este entorno es una labor realmente titánica. En este contexto, los docentes hemos de ser consciente de nuestro rol como agentes socializadores encargados de contrarrestar la presión mediática y eliminar discriminaciones y hacerlo de manera activa, profesional y programada.

Mi respuesta para ellos es que por supuesto que no somos iguales, de hecho la igualdad no es el objetivo, sino la equivalencia.

Está más que claro que mujeres y hombres, o en nuestro caso, niños y niñas, no son iguales: hay diferencias biológicas y culturales incuestionables.

Lo que no es aceptable es que estas diferencias justifiquen que uno de los dos sexos (por desgracia siempre el mismo) tenga ventajas sobre el otro en lo que a derechos u oportunidades se refiere. Aceptemos las diferencias pero con plena equivalencia de derechos. Por tanto cuando nos refiramos a igualdad estaremos hablando de igualdad de oportunidades y de derechos.

¿Cómo podemos los docentes dotar de contenido e intención la loable aspiración de lograr una coeducación?

Estas son mis propuestas:

1.- Contribuyendo a la revisión de los Proyectos Educativos de los centros en los que trabajamos: asegurando que puedan estructurar principios que permitan un modelo de organización de centro sin sesgo sexista. Sensibilizando a toda la comunidad sobre la transmisión de valores y roles de género. Adoptando medidas concretas para el uso no sexista del lenguaje y de los espacios y creando una comisión de asesoramiento y seguimiento para la coeducación.

2.- En la elaboración de Objetivos en nuestras programaciones, haciendo visible el problema del sexismo a los ojos de nuestros alumnos. Que pervivan con claridad y datos la situación de desventaja de la mujer en el lo injusto de esta situación.

3.- En la selección de los Contenidos de nuestras clases Indudablemente resulta sexista incluir sólo contenidos con referencias a los hombres o prescindir de contenidos que contribuyan a abrir los ojos a alumnos y alumnas en este sentido (invisibilidad de la mujer).

4.- En la selección de la Metodología: El método junto con las estrategias, los estilos, la organización… es delator de la posición del profesor respecto al sexismo. Algunas actuaciones podrían ser:
Emplear las técnicas de observación y recogida de datos para analizar actitudes.
Analizar la validez real de ciertos conceptos y juicios previos.
Analizar la dinámica del grupo-clase y saber incidir cuando se detecten actitudes y comportamientos que no favorezcan la coeducación y participación igualitaria.
No comparar a niños con niñas. La comparación ha de realizarse sobre el trabajo que cada cual hace respecto a lo que el mismo o ella misma podía hacer.

5.- con la inclusión de Criterios de Evaluación relacionados con este asunto. Es fundamental que estos criterios sirvan para igualar las oportunidades de aprendizaje y para detectar y sancionar las actitudes sexistas, pues como he dicho, lo que no se evalúa se devalúa.

Indudablemente para un éxito se necesitarían cambios más acelerados en los demás agentes de socialización: familia, medios de comunicación, estado, iglesia… Pero no está de más empezar por revisar con visión crítica, nuestra acción docente. No tengamos miedo de autoevaluarnos pues autoevaluarse no deja de ser investigar y esta es la constante en nuestra labor como docentes para mejorar.

Seamos agentes activos de cambio, TEDxAvilesWomen es un ejemplo de ello, una iniciativa que surge para visibilizar e impulsar el poder de las mujeres como creadoras y agentes de cambio.

Seamos “cambiólogos” porque “Aunque nada cambie, si yo cambio, todo cambia.”
Honoré de Balzac

Carlos Hevia-Aza Fernández

@carlosheviaza
Profesor Coach y luchador por un cambio de Paradigma educativo

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